sábado, 15 de febrero de 2014

Hijo del fuego 1

Recuerdo esa noche como si fuera la de ayer, la luna llena estaba enorme, gigantesca pero su color, su color no me gustaba nada en absoluto, lucía roja,  y aquella tonalidad solo quería decir una cosa, más seres mágicos estaban siendo aniquilados y los antiguos dioses lloraban por ello. ¿Cómo no llorar si aquellos seres eran quemados, ahorcados o decapitados por el simple hecho de tener magia en sus venas? Nadie elige nacer con ese don, y si al menos yo pudiera haber podido elegir, seguramente habría muerto hacía décadas y no tendría que presenciar todo aquello.
No sabía con exactitud cuántas hogueras habían en aquellos patios del terror, solo sé que quemaban por turnos, primero a las mujeres y después a los hombres ¿qué esperanza podía tener de que ella siguiera viva? Ella, mi mayor debilidad, quizás por eso me capturasen, porque me negaba a dejarla sola en aquellos momentos. Pues mi maestro me enseñó bastante bien a huir de aquellos que quisieran apresarme, me decía que era valioso pero ¿porque? 
A pesar de que mis cadenas me permitían acercarme hasta los barrotes de la ventana no lo hice, me habían cambiado de celda para que presenciara aquella masacre, pero no pensaba hacerlo, me quedé con la espalda apoyada en la fría pared de la celda, sentado en el suelo y abrazando mis rodillas, tenía la mirada perdida, era normal ante aquella situación, y a pesar de aquel collar que anulaba la magia había quemado a unos cuantos de mis torturadores, por ello ahora tenía puestos unos guantes. Siempre había pensado que lo que hacían mis manos era magia, pero sin embargo aquello no se anuló.
Mis torturadores se habían cargado gran parte de mi cara ropa, haciendo que perdiera uno de los enganches de mi capa, un enganche adornado por unas  cabezas de dragón, oh … malditos me encantaban aquellos enganches, aunque claro teniendo en cuenta que mi camisa estaba tan rasgada que prácticamente se podía ver aquel dragón tatuado en mi espalda con tinta plateada.. No creo que los enganches importaran en aquellos momentos. Me sentía sucio, sucio porque prácticamente estaba lleno de sangre seca, mi propia sangre.
Fuera escuchaba perfectamente como preparaban de nuevo las hogueras, en pocos minutos yo estaría en una de ellas, por tanto esperé a que los guardias vinieran a por mí, mirando a aquella enorme luna roja. No tardaron, no querían demorarse con aquello, por tanto me dejé arrastrar hasta mi propia pira funeraria, que emocionante una para mi solito ¡já! Los guardias se aseguraron de atarme bien a aquel tronco, incluso me apartaron el pelo para no pillarlo con las cuerdas, que considerados. Después me rociaron con un líquido inflamable, querían que ardiera bien por lo visto, después, justo después vino el momento que todos esperábamos el fuego.
Esperaba que el fuego me hiciera sentir dolor, cuando este se pegara a mi piel, espera calor, sudar demasiado y oler mi propia piel ardiendo; pero lo único que sentí fueron aquellas cuerdas quemándose, el hierro del collar fundiéndose, mis ropas carbonizándose, pero nada más. Al principio no pude moverme, aquello me daba pánico, yo no ardía ¿cómo era eso posible? Cerré los ojos con fuerza pensando que tal vez era una alucinación causada por un dolor real, pero al abrirlos no ocurría nada, aun con aquel miedo dentro de mi miré a mi alrededor y pude ver la cara de aquellos quienes veían asombrados que mi cuerpo no ardía, entonces… aquello era real.

No esperé, no iba a desaprovechar esa oportunidad que los verdaderos dioses me daban, ahora no tenía aquel collar sobre mí, ahora podía usar mi magia y lo hice, lo que vino después no logro recordarlo, solo recuerdo despertar en mi habitación en la torre del Brujo, aun con mi sangre sobre mí, cuando me incorporé en mi cama miré a mi alrededor y solo vi a un pequeño gato intentando subirse a la cama mientras sacaba la lengua como si me hiciera una burla, aquel dichoso gato que no sabía de donde había salido era lo único que me hizo sonreír después de aquello, y he de decir que aún me acompaña y sigue sacando su lengua cuando se sube a mi cama… 

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